De vuelta ya de mis periplos por las nowherelands lejanas y próximas, decidí el otro día acercarme a esa librería que tanto me gusta y que ahora me queda a tiro de piedra. Volví muy satisfecha con la incursión, con un ejemplar de un libro que nunca pasa de moda (y que pronto regalaré a alguien para que lo guarde en su cámara de Tutankhamon) y un anuario del world press photo del presente año para empollármelo de pe a pa, que es lo que mejor puede uno hacer en temporada de caza fotográfica.

Ojeando sus páginas quedé fascinada con la foto ganadora de la
categoría de naturaleza, realizada por Steve Winters para national Geographic. Se trata de una evocadora imagen nocturna del esquivo y enigmático leopardo de las nieves. Steve trabajó durante 5 meses con 6 cámaras ocultas en el País de las Nieves eternas. Sólo obtuvo dos fotos. Sólo dos. El resto no existen, quizá anden en alguna papelera de reciclaje, o en algun baúl, o qué se yo. Cientos de fotos, millones de minotos perdidos para ganar . Y lo más increible de todo, sin garantías. Pudo no haber sacado ni una foto de esa animal casi fantasma. Pudo haber vuelto con las manos vacías o con cientos de fotos de la inmensa nada ladakhí.

También el otro día estuve en una interesante charla del mítico Stephen Shore. Uno de los asistentes al evento le preguntó despues de su ponencia porque o retocaba nunca digitalmente sus imágenes, porque no reencuadraba,al menos, o recortaba alguna foto.La respuesta de Shore: "No lo hago porque no me interesa la foto, el resultado final, yo estoy interesado en el proceso, en lo que aprendo cuando la hago, eso es lo que me hace más sabio".
Winter necesitó 5 meses para encontrar su foto. Shore casi media vida para entender una filosofía fundamental. Yo he necesitado casi 31 años para perder el miedo a perderme y dos meses de caza y de intensa convivencia con S, W, B, y D para implicarme en una historia de esas que la mayoría de la gente no quiere ver, porque supone ponerle nombres y apellidos a las personas que vemos en las noticias como sombras, como masas humanas o como titulares.
A menudo nuestra generación prefiere filosofar de lo mal que va el mundo, la vida o el sistema. Cosas abstractas que no puede cambiar, o cuyo cambio implicaría un gran esfuerzo. Así nuestra responsabilidad siempre recae en los demás. Para que vas a ir a cazar si puedes ir al super y quejarte luego de que no te gusta el producto que otros han preparado para ti.
Uno puede arriesgarse o no arriesgarse. La segunda opción siempre es más fácil, no implica decepciones: no hay dolor, ni esfuerzo. No hay momentos de pérdida. Ni de desesperanza.
Puede que el implicarte parezca no valer tampoco en gran medida. Sobre todo para los que esperan el producto, la foto. Puedes volver sin ella. Puedes, incluso perder tu equipo en el camino. El futuro y la vida son a veces tan esquivos como el mítico leopardo de las nieves. Pero el verdadero cazador no va en busca de la foto, sabe que la foto es la excusa.
Compartir vida, implicarse, dejarse el corazón o la cabeza en cada recodo del camino, no es más que dejar que los enlaces van der waals actuen entre ellos, desprendiéndose entonces pedazos de nosotros. A veces duele, si, pero todo el que esté implicado de manera honesta, gana siempre aunque pierda.
S me dijo el otro día, en uno de los peores momentos de su vida: "al menos es la primera vez que no lloro yo sola, hoy estás tú".
Todo aquel que se implica puede no mejorar sustancialmente el mundo, pero gana momentos únicos, relaciones sinceras: gana "por el color del trigo".
Eso, eso si que es IMPORTA-NTE ;-)